El Cauca: Entre las memorias de la guerra y las promesas de la paz

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Por: Oscar Manuel Castrillón Cobo

Más de cincuenta años de guerra nos reconoce (categoriza) como el país con el conflicto no negociado más largo del mundo, que ha generado consecuentemente fracturas y un profundo detrimento en los lazos sociales, estructuras Estatales y economía del país.

Según lo evidenció el Departamento Nacional de Planeación entre 2011 y 2014, el 60% de las acciones armadas se dan en seis departamentos del país, entre los cuales se encuentra el Cauca. Un departamento que ha sufrido y ha sido golpeado por las consecuencias de una guerra que pareciera no terminar con la presencia constante de grupos armados y fuertes confrontaciones sociales. No por nada se ha ganado el título de uno de los escenarios más determinantes en el posconflicto en Colombia.

Pero coyunturalmente los diálogos de paz esbozan esperanza para el fin del conflicto y la superación de los perjuicios y daños en territorios duramente golpeados como nuestro departamento. Por eso celebramos que la firma de los acuerdos que ponen fin a la confrontación armada con la guerrilla de las FARC esté próxima a darse. Pues con esto no sólo se establece un acuerdo entre el Estado y este grupo insurgente, sino que nos compromete a todos como sociedad a que de manera articulada con la institucionalidad emprendamos el camino que restablecerá los derechos y garantías de nuestras comunidades desplazadas de sus territorios, víctimas de la pobreza, de homicidios, amenazas, secuestros y minas antipersonas, en quienes quedan las memorias de la guerra, y a quienes debemos rodear, reconocer y respaldar porque como sociedad también participamos de su reparación.

Ante esto entonces es necesario que en términos de postconflicto, las comunidades sean actores fundamentales de participación para reconstruir y consolidar lo que serán los escenarios de paz, así como también lo es el compromiso social que deberán asumir las FARC y las garantías del Estado para disfrute de derechos, de forma tal que se articulen esfuerzos para la superación de un conflicto que ha deteriorado la fortaleza social en nuestros territorios y la calidad de vida de las familias que han padecido directamente sus horrores, evidenciados por otra parte, en la imposibilidad del acceso a la educación, la falta de garantías en salud, las necesidades básicas insatisfechas y la pobreza.

Y es que todo debe pensarse y sentirse en función de la paz y de la convivencia armónica en el país para dejar atrás estos indicadores y avanzar a la superación del conflicto y por supuesto, nuestro departamento deberá ser modelo en esto.

Por ello compartimos el planteamiento hecho por el Presidente del Movimiento MIRA Carlos Alberto Baena, en donde extiende la importancia de la Libertad Religiosa, la participación política de las minorías y el papel de las víctimas desde una mirada más humana. Dirigiremos nuestros esfuerzos a materializar estas propuestas, a afianzar y estructurar técnica, social y políticamente estos factores; pues la integralidad, la convivencia con respeto y el alcance de una sociedad con valores son componentes que determinan resultados eficientes en la construcción y consolidación permanente de la paz, porque la paz, justamente es una realidad que se construye día a día, en los hogares, las escuelas e instituciones públicas y privadas de nuestro departamento y país.

 

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