Alcaldía para un indignado

candidatoalcaldiaPor: Enrique Medina – No cabe duda, Bogotá se encuentra en la más profunda crisis institucional de toda su historia, y aspiramos seguir eligiendo a los mismos. Por una parte, el ejecutivo suspendido y detenido por serias evidencias de corrupción, y ni que hablar del cabildo, 17 concejales representantes de todos los partidos, menos de MIRA, llamados a indagatoria por la fiscalía, de los cuales 16 ya se encuentran en campaña para reelegirse y lo peor, las encuestas indican que de ellos, casi todos tienen gran posibilidad de repetir su curul.

Por si fuera poco, el desfalco al Distrito supera con creses récords históricos dedicados a la corrupción, el clientelismo, y entre otros al carrusel de la contratación, por no hacer más patética la larga lista del atraco feroz a nosotros los bogotanos.

La Ciudad en los últimos 5 años ha sufrido un rezago tan descomunal como imperdonable en términos de competitividad y productividad; cifras del Banco Mundial indican que en este periodo nos sobrepasaron capitales de América Latina que antes estaban por debajo del ranking comparado con Bogotá, y que ahora ciudades como Santo Domingo, quien si fue capaz de construir un tipo de metro en menos de tres años, superaron los niveles de competitividad por encima de nuestra capital.

Tampoco hay duda de que en Bogotá impera la perversidad en un realismo donde solo el capital privado, el apetito voraz de los gobernantes de turno y el interés de pocos, cunde sobre los derechos de muchos; sin embargo, y tal vez lo más lamentable, es la pérdida de competitividad y de competencias de nuestro potencial humano capitalino; en educación, el rezago del Distrito es evidente, casi una generación perdida, abandonada en el inmenso lodal de una creciente brecha digital fusilánime, y esto sin mencionar el venidero escándalo por la contratación de las TICs en el distrito.

Muchos de nuestros niños y jóvenes de escasos recursos que en estos 4 años hubieran podido lograr un importante nivel en bilingüismo, se tendrán que resignar a la discriminación e inequidad por sus bajos niveles en educación, justo cuando en su conjunto, la ciudad no se encuentra preparada para afrontar los retos y desafíos de los asimétricos TLC firmados con devoradoras potencias industriales.

Y ni que hablar del sistema político capitalino, la intransigencia brutal de los partidos tradicionales que en su aversión a la autodepuración se hacen proclives a aumentar la maquinaria del clientelismo y la corrupción en la ciudad, haciéndonos cómplices junto con la ignorancia de muchos a elegir los menos indicados y a perpetuar en el distrito una maquinaria mafiosa, corrupta y regresiva en todo sentido para la ciudad. Este breve panorama constituye la prueba más cruel de la crisis de las instituciones políticas bogotanas; que forma de celebrar una Bogotá bicentenaria.

Bajo este oscuro panorama no solo yo me siento indignado sino tal vez usted y millones de Bogotanos quienes fuimos asaltados en nuestra buena fe. Con tanta desinformación e ignorancia política, este modelo de democracia pareciera inocuo y en medio de nuestra inconformidad por lo político, asistimos a una loca carrera hacia la estupidez colectiva, donde nos encontramos en su etapa previa: la indignación.

Tal indignación debe decantarse en acciones reales en lo político eligiendo dirigentes y no politiqueros, hombres y mujeres de valores y no promesas inocuas, eligiendo movimientos políticos dignos y no maquinarias electoreras efímeras sin principios, e indolentes con la realidad de millones de bogotanos.

Pero entonces, ¿que es lo que conviene a nuestra ciudad en medio de semejante debacle?

La respuesta converge a un solo punto. De qué sirve ampliar infraestructura como sugiere un ex alcalde de la derecha o de que sirve el sostenimiento de ciertos programas sociales como lo sugiere el de la izquierda, cuando de un modo u otro las maquinarias políticas electoreras y efímeras en lo político, pero efectivas en lo clientelista los atan en componendas y  compromisos burocráticos que degeneran en el continuismo del asalto rampante a las arcas del distrito y del bolsillo de los bogotanos?

La respuesta converge en la recuperación de la dignidad, al retorno de los valores y más aun a la honestidad como un bien casi escaso en las figuras políticas actuales.

Para evaluar a un candidato a la alcaldía no basta solo con su personalidad como figura del poder ejecutivo, no solo es importante su capacidad técnica o gerencial, son una condición necesaria pero no suficiente, lo realmente valioso, es el antecedente de su partido o movimiento que le avala, las obras de sus militantes o representantes en el pasado, los hechos de su partido, los compromisos y resultados, pero en beneficio de la comunidad, de los derechos y de la búsqueda incesante del bien individual y colectivo en todas sus formas y circunstancias.

En esta recta final por la alcaldía de Bogotá, no deja de ser preocupante el siniestro panorama al que estaríamos asistiendo, en el cual podrían quedar enfrentados un gobierno nacional de derecha contra un gobierno capitalino de izquierda promovido por el socialismo del siglo XXl, situación bajo la cual podría configurarse una nueva radicalización del conflicto colombiano, bajo la posibilidad de una inminente confrontación continental, condenando no solo a los bogotanos sino a la nación entera hacia una nueva década perdida.

Desahuciado de tantas mentiras y afrentas contra la ciudad, que por generaciones hemos vivido, es necesario tomar distancia de la miopía del árbol de mentiras que nos tapa, para comprender de ese inmenso bosque de intereses y oportunistas, la opción más responsable y acertada para Bogotá, para nuestros jóvenes y nuestros niños.Una dedicada evaluación de todo el espectro de partidos, llama mucho la atención el trabajo responsable y honesto del Movimiento MIRA, donde coinciden analistas serios como Arco Iris, la MOE, la silla vacía, y muchos serios analistas en lo que concluiría el Ex canciller y constituyente Augusto Ramírez Ocampo como miembro de la encuesta nacional de partidos realizada por PNUD, y transparencia por Colombia: “…veo una que es muy clara y cierta, MIRA tiene unas políticas de partido, en lo demás todos los otros partidos son lo más parecido a un sancocho.”

Aclarada la opción de un partido, corresponde la de un candidato, en cuyo caso los retos implican una responsabilidad mayúscula teniendo en cuenta temas álgidos por definir como el metro, los contratos de apuestas, aseo, comunicaciones, salud, entre otros, y más aun, la crisis social que se nos avecina, con una clase media insatisfecha, con la indignación de miles y con la enorme ola de estudiantes de toda condición buscándose un espacio en medio de la omisión arraigada en los gobiernos locales y nacional.

Hay un candidato que ha vivido en carne propia todas estas problemáticas, además de la exclusión por su condición social, pese a ser un elogiado estudiante y profesional, egresado de la educación pública y excluido de oportunidades por lo mismo, hijo de un matrimonio arraigado del campo a la ciudad, como muchos de nosotros; su amplia experiencia como uno de los mejores concejales de la ciudad al lado de su mentor político el senador Carlos Alberto Baena, lo avalan como un serio, firme y responsable candidato a la alcaldía de Bogot
á; la indignación que usted o yo sentimos como bogotanos es la misma que ha expresado el Ingeniero Guevara en toda su carrera política, colocándolo como el único candidato ejemplo fiel de la indignación expresada en la insatisfacción de los jóvenes, la perdida de oportunidades de los trabajadores, el olvido y la desesperanza de miles de familias y la desolación por la falta de un rumbo cierto en el panorama oscuro de la política bogotana.

Por lo tanto nada más coherente que respaldar las propuestas de este Movimiento a través de su candidato Carlos Eduardo Guevara un indignado mas, como usted o como yo, responsables en lo programático y sustentadas no solo en su viabilidad técnica sino en su deseabilidad ética.

Así las cosas la última y única gran opción responsable para Bogotá, tiene nombre propio, su nombre es Carlos Eduardo Guevara y su apellido el Movimiento MIRA.

Si este 30 de Octubre salimos a expresar nuestra indignación en medio de la debacle, apoyando propuestas fundamentadas en principios y valores por el único candidato y movimiento viable en la urgencia de un salto quántico para Bogotá, no todo estará perdido.

Tal vez no ganen con la inmensa mayoría, pero por lo menos habrá valido la pena hacer algo por el futuro de nuestras familias, de nuestros hijos, y en ultimas, de nuestra propia conciencia.

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