Arranca a diario unas 170 sonrisas: Miraísta Jorge Muñoz

Jorge_Muoz2En Manizales estuvo la semana pasada el “ángel de Queens”, que a unos cuatro mil kilómetros de distancia le arranca sonrisas al hambre, como él dice. La Alcaldía y el Concejo lo homenajearon. Varios ciudadanos hicieron fila para tomarse una foto con él y los medios lo entrevistaron. Solo se quitó el blazer cuando sintió calor. En cambio donde vive usa uniforme azul para conducir un bus escolar y luego se cambia por jeans para repartir la comida.

– ¿Qué lo satisface más: la sonrisa de un inmigrante o el reconocimiento del presidente Barack Obama?

“Es diferente. Lo primero es una necesidad, pues lo único que les pido es una sonrisa que me da a entender que la comida les gustó. Lo otro es un compromiso: que alguien tan importante lo reconozca a uno también motiva”.

Jorge Muñoz la tiene clara. No ha dejado que la fama extinga su sencillez. Hace un mes estaba en la Casa Blanca recibiendo una medalla del Presidente de Estados Unidos y la semana pasada, en Manizales, ajustó el décimo primer reconocimiento durante su gira en Colombia. Él es el llamado “ángel de Queens”, que alimenta a diario a unos 170 jornaleros o inmigrantes -muchos indocumentados- en Nueva York. Y es colombiano.

La Alcaldía y el Concejo lo homenajearon. Varios ciudadanos hicieron fila para tomarse una foto con él y los medios lo entrevistaron. Solo se quitó el blazer cuando sintió calor. En cambio donde vive usa uniforme azul para conducir un bus escolar y luego se cambia por jeans para repartir la comida.

La multiplicación

– ¿Cuándo fue la primera vez que hizo de buen samaritano?

“No recuerdo. Mi mamá dice que un día, cuando vivíamos en Pereira, un indigente llegó a la casa, tocó la puerta, ella le abrió y le dijo que no teníamos comida, y entonces yo me levanté y le entregué el plato”.

En la capital risaraldense vivió su niñez y después regresó a Palmira (Valle), donde nació hace 46 años. Tras la muerte de su padre, que era comerciante de café, se fue con su madre y su hermana a Estados Unidos, a probar suerte. A Manizales, tan cerca, vino por primera vez el pasado viernes a contar lo que ha vivido a unos cuatro mil kilómetros de distancia. Desde hace seis años hace su labor humanitaria.

– Después de tantos años, ¿como resultó otra vez entregando el plato?

“Eso fue como en mayo del 2004. Le pedí a una procesadora de alimentos que me diera la comida que iba a botar y la empecé a repartir entre familias numerosas. Un sábado por la mañana vi en una esquina a ocho jornaleros y supe que no habían comido nada desde el día anterior. Llamé a mi mamá, le pregunté si había comida suficiente y volví al rato. A las dos semanas eran unos 120”.

– Y ya va en 170. ¿Se preocupa por que sí le alcance la comida o es que se le multiplican los panes?

“Creo que se aplica lo segundo y es Dios el que hace la multiplicación. Hay unos que repiten y eso que nunca llevo más de 180 platos. Primero los tres (de la familia) poníamos el sueldo y luego, con la ayuda de los medios, aparecieron las donaciones. Solo en los restaurantes, unos son de colombianos y otro de ecuatorianos, recogemos a diario 100 piezas, entre buñuelos, pandebonos y chorizos, que por ley deberían botar”.

El que abrió las puertas

El New York Times fue el primero en contar su historia, a finales del 2007, y después CNN lo incluyó en la lista de Héroes, que es una distinción anual. Al correo electrónico le llovieron mensajes de todas partes del mundo, como el de una mujer afgana que ayuda a niños muy pobres. También el de bienhechores, como el de una niña norteamericana que vendió jugos y le envió lo recaudado.

– ¿Por qué dice que el periodista del New York Times pasó en el momento preciso? ¿no habían acordado una hora para la entrevista?

“No, fue un encuentro casual. Él vivía en el área donde repartía la comida, pero cuando él pasaba por ahí ya había terminado. Ese día comenzamos más tarde y el periodista pasó, vio la línea de jornaleros y se acercó. Le pareció muy raro y gracioso que en su país alguien de su propio bolsillo regalara comida, pues generalmente lo hacen las grandes organizaciones. Él nos abrió todas las puertas”.

Las puertas de cuatro neveras y de dos congeladores, repletos de comida para compartir. Al día se preparan unas 22 libras de arroz, 50 libras de pollo al horno, 200 piezas de pan, el café y la sopa. Su mamá armó un menú de lunes a domingo y empieza a cocinar a la 1:00 de la tarde, junto con otros colaboradores, incluidos dos mexicanos que estaban en la calle. A las 9:30 salen en una camioneta blanca y regresan a casa a la medianoche. Jorge se madruga al otro día a trabajar, a las 5:30.

– ¿De dónde saca fuerzas para ese ajetreo?

“Dios me da la voluntad. Siempre he sido creyente, pero pensé en algún momento que mis oraciones iban a un hueco y que nadie me escuchaba. Hace cuatro años esto cambió. Él llegó y me dijo: “despierte que aquí estoy”. Mi fe se volvió más férrea y entendí por qué hacía las cosas”.

Los jornaleros

Detrás de la narración de Jorge, sentado en el Parque Ernesto Gutiérrez, se escuchaban los pájaros. El ambiente era tranquilo, no como el de la esquina de Queens en la calle 73 con Avenida Roosevelt, donde se parquea en las noches y se encuentra con los jornaleros. El tren elevado que pasa por allí hace mucho ruido, aunque él ya se acostumbró.

– ¿Cuál es la situación de los inmigrantes?

“De incertidumbre, pues se dan cuenta que cogen uno en Arizona (por su Ley de Inmigración) y el temor se expande. Aunque los de Nueva York están tranquilos, porque es un estado de inmigrantes y no los pueden sacar así no más. En general la pasan mal, en Estados Unidos hay casi 12 millones de ilegales, más 9 millones de desempleados, que son legales. Todo mundo busca trabajo y los jornaleros son los más afectados, mantienen parados en una esquina”.

Según los describió, los jornaleros no son como los habitantes de la calle que se ven aquí. Viven solos, a veces duermen en las calles, y visten botas, jean, camiseta y morral al hombro, en el que cargan taladro o la herramienta que sepan utilizar. De los 170, apenas 10 son colombianos, el resto son mexicanos, ecuatorianos, bolivianos… hasta chinos e indios. Queens es de los sectores con mayor diversidad étnica en Estados Unidos.

– Ya que usted ayuda a quienes le generan muchos dolores de cabeza a Obama, es lógico que le pregunten si le ofreció apoyo económico…

“Siempre respondo que si se hubiera comprometido conmigo se encartaba con las miles de fundaciones que hay. Con el solo hecho de estar ahí en la Casa Blanca y ser elegido entre seis mil nominados, es suficiente. Además creo que fui el primer colombiano en recibir la medalla (al Ciudadano ejemplar), lo que es un orgullo para mi país”.

Ese día volvió a vestirse con blazer y posó frente a las cámaras, junto con otros 12 reconocidos. En la sede del Concejo de Manizales también le tomaron varias fotografías. Quizás olvide los rostros fugaces de esta jornada, mas no el de cierto inmigrante mexicano que miraba atónito una de las neveras de su casa. “Colombia -así llamó a Jorge-, es que llevo un día entero sin comer y no puedo creer lo que veo”. Le arrancó una sonrisa al hambre, como él dice.

Su faceta de político
El “ángel de Queens”, como llaman a Jorge Muñoz, se lanzó este año a la Cámara de Representantes en el exterior por el partido MIRA, al cual pertenece hace tres años y medio. Se vinculó después de que lo invitaron a un bazar en el que se recaudó dinero para repatriar un cuerpo desde Estados Unidos. En marzo pasado no quedó electo, pero volvería a lanzarse si su colectividad se lo propone.

“El colombiano que sale de su país no quiere saber nada de política. Piensan que los políticos son unos sinvergüenzas. Por eso me acerqué a las personas y les dije que confiaran en mí. En los 10 años del movimiento ninguno que haya ocupado un cargo público ha sido investigado”, sostuvo.

Negó que su partido tenga algún carácter religioso. “Lo que pasa es que hay que tener unas bases morales para ir donde el otro, pedirle el voto y saberlo usar. Muchos dicen: ‘creo en Dios y están en la cárcel por malversación de fondos'”.
manizales

El tipo de jornalero o inmigrante que a diario trata Jorge Muñoz vive solo y a veces duerme en las calles. Viste botas, jean, camiseta y morral al hombro.

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