Hacer con el agua vs. Hacer por el agua

Carlos_Alberto_Baena_DiariodelhuilaLa historia colombiana, caracterizada por una aparente abundancia de agua, parecía motivar la pregunta de qué hacer con el líquido vital. En la práctica, la respuesta del Huila se registra en el Estudio Nacional de Agua, donde se expone que la mayor parte se destina al uso doméstico (63%), seguido por los fines agrícolas (25%); la industria (4%); los servicios (2%); y la actividad pecuaria (6%).
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Las condiciones naturales de privilegio de la Zona Andina, explican que los 19.890 Km2 de la superficie del Huila, se encuentren bañados por más de 400 ríos y que la influencia del Río Magdalena, haga que la zona central del Departamento cuente con buenas posibilidades hidrogeológicas.

Sin embargo, el resto del territorio se considera constituido por ambientes con provisiones de agua desconocidas y restringidas, y aunque aún el índice de escasez de agua de los municipio del Huila es bajo, es decir que el agua alcanza frente a la demanda, el promedio nacional muestra que el 34 % de la población se ubica en sitios en los que el nivel de escasez es alto (6%), moderado (27%) y medio (1%).

El cambio de condiciones de abundancia a otras de estrés o escasez hídricos, conducen al reemplazo de interrogantes. No es suficiente preguntarse entonces, qué hacer con el agua, sino qué hacer por ella. En los derroteros de los Gobiernos, los registros más recientes se refieren a los planes departamentales de aguas, centrados en la prestación del servicio y en la institucionalidad e infraestructura a él vinculadas.

De otra parte, de los recursos de la inversión nacional en el Huila para 2010, $3.262’505.572, se asocian a fines de protección o aprovechamiento del agua. Por ejemplo: para la recuperación y preservación de la cuenca del río Las Ceibas en Neiva, se destinaron $1.987.030.618; al saneamiento ambiental en proyectos presentados por los municipios de la jurisdicción de las 15 CAR de menores ingresos fiscales se destinaron, según el POAI, $250’934.871; y al Saneamiento básico de acueducto y alcantarillado de zonas con promedio por debajo del nacional a asignaron $ 885.131.821.

Estos signos de acción estatal por el agua, se incluyen también en los lineamientos del nuevo Gobierno Nacional que servirán de base para el Plan de desarrollo. Allí se destacan las aguas como “pieza vital” “para la calidad de vida de nuestros descendientes”, y luego su alcance se circunscribe principalmente al cuidado del líquido como condición de preservación de la biodiversidad. Adicionalmente, en el discurso inaugural del pasado 7 de agosto, se anunció la propuesta de creación de la Agencia Nacional de Aguas, de la que el País espera un enfoque integral y no sólo de regulación y acuerdos de concesión.

La efectividad de las orientaciones y acciones de las instituciones públicas, dependerá de la capacidad de construir convivencia, gobernabilidad y gobernanza, entendidas, para este caso, como el reconocimiento de las comunidades y sus ciudadanos en las decisiones y ejecuciones sobre las fuentes, la distribución y los usos del agua.

Desde las termoeléctricas, hasta las represas, pasando por los acueductos, son también decisiones de interés general. No en vano, el Huila es referente de encuentros e hitos geográficos en torno al agua, como las fiestas de Yaguará, la identidad en torno al Estrecho del Magdalena; y la fundamentación histórica asociada a los saltos de Mortiños y Bordones; la Caja de Agua de Paicol o el imponente Parque Natural Nevado del Huila.

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