La Paz en el Horizonte – Parte 1. Por: Carlos Alberto Baena López

Durante la semana anterior, el doctor Juan Manuel Santos invitó a todos los partidos y movimientos políticos que actualmente tienen Senadores o Representantes a la Cámara, a una reunión en la Presidencia de la República.

Uno de los temas que se abordaron, fue solicitarle formalmente al Consejo de Seguridad de la ONU, una Misión Especial de Verificación al cese al fuego y a la dejación de las armas. Creemos que esta medida, según como fue planteada por el Gobierno Nacional ayudará en el proceso que se adelanta con las FARC. Bajo esas circunstancias, no es de extrañar que el Movimiento MIRA hiciera presencia en tal encuentro.

Sin embargo, ni nuestra concepción de la Paz, ni nuestro trabajo por la Paz, es producto de una estrategia coyuntural. Mucho menos supone un “viraje” en los propósitos del Movimiento. Por el contrario, es muy larga nuestra trayectoria de hechos, palabras y esfuerzos por lograr la Paz como proyecto de vida individual y colectivo.

Consideramos que existen tres ejes para alcanzar la Paz: Respeto y Acciones Afirmativas por la Libertad Religiosa; Participación política de las minorías; y el acompañamiento estructural a las víctimas, incluidas las que residen en el Exterior. Esta será la primera de tres entregas sobre cada uno de estos conceptos fundamentales e incluyentes.

De firmarse el Acuerdo en La Habana, sabemos que la Paz no llegará al día siguiente tocando a nuestra puerta. El camino para alcanzarla, tampoco se compone exclusivamente de reformas agrarias, económicas o sociales.

La Paz debe construirla cada persona interiormente, rechazando la discriminación, viviendo la Convivencia con Respeto. Es allí donde la Libertad Religiosa, en su papel trascendente, le facilita al individuo el desarrollo de su propia espiritualidad, en un marco de principios y valores universalmente aceptados. Hablamos de la Renovación Absoluta que parte del ser, y que defendemos desde hace décadas.

Un Estado garantista promueve esta Libertad; no empobreciéndola bajo el manto de simple tolerancia, sino reconociéndole su importancia en la dimensión espiritual; y trabaja por Ella.

La Libertad Religiosa aporta a la construcción de una Cultura de Paz sólida y consistente, saliendo de las normas, para pasar a los Acuerdos Programáticos, a los Programas de Gobierno, a los Planes de Desarrollo, para que así se dé esa integración de Estado y cada ciudadano. ¿Por qué? Porque la verdadera paz se consigue en el corazón de cada colombiano.

Columna en el diario impreso:
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