Las épocas doradas del salario mínimo

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Por: Nelson Enrique Moreno. Historia de unos colombianos con un final que parece no ser tan feliz. Con bombos y platillos el Gobierno Nacional fija una vez más el incremento salarial para el 2012. Sin embargo, y con gran preocupación, los cerca de un millón doscientos mil colombianos que lo devengan en la actualidad hacen cuentas, y dicen “definitivamente no me alcanza”.

 

Lo anterior no acontece solamente por que queramos protestar y ya. Es que si revisamos el crecimiento del pago por trabajo en Colombia, encontramos que al iniciar la década de los 90s, el salario crecía en el orden del 26%. Al entrar al nuevo siglo, el aumento era de entre el 8 y 10%. Y desde hace dos años el crecimiento, que no supera el 4%, no sido concertado sino decretado por el Gobierno.

 

La defensa de la Administración Central, ahora por medio del recién creado ministerio del Trabajo, es la favorable dinámica de generación de empleo que, por ejemplo, en octubre registró un crecimiento histórico de personas ocupadas de manera formal en el País, especialmente en los sectores de industria y comercio. Claramente es un avance real e importante para la Nación.

A pesar de ello, Colombia debe generar soluciones integrales que le brinden una mayor dignidad y calidad de vida a todos sus habitantes, en condiciones de equidad y con sentido social.

Como explicábamos al inicio, no es una cuestión de unos inconformes por unas décimas de dígito o algo similar. Es que año tras año, los precios de la canasta familiar, los servicios públicos domiciliarios, los transportes y los combustibles suben a un ritmo acelerado.

Y es que en este punto en particular si hay que decir que existe una iniciativa legislativa para disminuir en alrededor de $2000 pesos el precio de los combustibles, que indudablemente mitigará el impacto de todos los productos mencionados en el párrafo anterior, beneficiando a miles de ciudadanos.

El hecho que el Gobierno, los empresarios y los trabajadores se sienten a concertar el salario mínimo para la vigencia anual siguiente es evidentemente democrático y justo. Pese a ello, al no existir un mediador o un actor garante del proceso que no sea juez y parte, hace que el asunto pierda transparencia y equidad, permitiendo que suceda lo que año a año pasa, que es que la decisión y la última palabra la de el Gobierno Nacional.

De esta forma, y por medio de otro proyecto de ley radicado por la senadora Alexandra Moreno Piraquive (P.L. No. 71 de 2010 Senado) lograría que el Congreso de la República sea intermediario en ese proceso, en el que la fijación del aumento salarial sea en realidad concertada, y las épocas doradas del sueldo que alcanza no solo para las necesidades básicas sino para darse uno que otro gusto sea una realidad.

Desde estas páginas instamos al Parlamento Colombiano a darle la ponencia positiva al proyecto que no se le otorgo en su primer debate, para que en futuras ocasiones el salario mínimo se decrete en bien de la Nación.

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