Un fallo en derecho para el Meridiano 82

Bogotá D.C. Abril de 2012. (Columna Senadora Alexandra Moreno Piraquive).

piraquive_webLa canciller María Ángela Holguín tiene una gran preocupación porque la Corte Internacional de la Haya pueda proferir un fallo “salomónico” en el litigio limítrofe entre Colombia y Nicaragua, que pueda terminar afectando los límites marítimos en el meridiano 82, una salida que aunque puede ser realista, puede terminar causando una verdadera tormenta política. Pero las decisiones Salomónicas no necesariamente se refieren a repartir, más bien a decidir con sensatez y justicia.


Muy por el contrario de lo expresado por la Cancillería, nosotros esperamos que el fallo la Corte de la Haya sea en derecho y no salomónico, en el diferendo limítrofe entre Colombia y Nicaragua, porque podría estar desvirtuando las razones técnicas y diplomáticas que desde el siglo pasado el país ha defendido en cada escenario donde se nos ha llamado para dirimir un conflicto que para Colombia ha sido desgastante.

Los colombianos debemos ser optimistas frente al futuro fallo de la Corte Internacional de la Haya, porque, nuestra soberanía y nuestros antecedentes históricos son sólidos e irrefutables y no tienen vuelta atrás. Incluso, en reiterados debates siempre hemos dado el voto de confianza a nuestros defensores en estas instancias. Es un derecho que tenemos que hacer valer ante cualquier pretensión que la diplomacia requiera.

Nicaragua es un país que durante su historia no ha respetado las decisiones internacionales y mucho menos los fallos proferidos por las Cortes Internacionales, así lo demostró al desconocer el Tratado Esquerra Bárcenas y pelear por territorios cedidos a Colombia a cambio de la Costa de Mosquitos.

Un fallo adverso sobre nuestros límites marinos afectaría de manera directa la estabilidad de la región. Pues todos sabemos que las pretensiones de Nicaragua van más allá de la intensión de hacerse con un área marítima que siempre ha estado salvaguardada por nuestra soberanía, que de ser cambiada terminaría convirtiendo esa área en un zona para la explotación petrolera como lo ha querido hacer de manera subrepticia ese país al intentar abrir licitaciones para la exploración de hidrocarburos en aguas territoriales de Colombia.

Incluso una decisión de este tipo Esto daría, pie para que se desconociera la declaración proferida por la UNESCO, en el año 2000 cuando declaró la zona en disputa como un lugar de Reserva de la Biósfera, libre de toda vulneración de explotación comercial, que Colombia ha respetado al impedir desde el Plan Nacional de Desarrollo el usufructo comercial conociendo de antemano el potencial de producción de Gas y Petróleo que se proyecta en la zona determinada por el meridiano 82.

Como colombianos no podemos ceder ni un centímetro de mar a los nicaragüenses. No le podemos mandar un mensaje de relajamiento a la Corte como si ya estuviéramos aceptando un fallo que hasta ahora en proceso. Eso sería perder la guerra antes de iniciar la batalla.

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